"Su vida fue una mezcla de negocios, política y mar: el prototipo del emprendedor ilustrado que transformó con hechos lo que otros solo teorizaban."
Buenaventura Marcó del Pont nacio en el año 1738 fue un catalán de nacimiento y un vigués por elección. Llegó a la ciudad a mediados del siglo XVI. Con la astucia del comerciante mediterráneo vio en Vigo un enclave prometedor, un puerto con alma de futuro.

Fue regidor y máximo representante municipal de Vigo hacia 1808, durante la invasión napoleónica. En ese contexto, asumió de hecho las funciones de alcalde y autoridad civil principal de la villa.
En 1810-1812, ya consolidado como figura local, actuó como dirigente del consistorio en labores de reconstrucción y reorganización económica tras la guerra, lo que en la práctica lo situó al frente del gobierno local.
Con el tiempo se convirtió en uno de los hombres más influyentes de la villa. Fundó fábricas de salazón, promovió el comercio marítimo con América y levantó un pequeño imperio empresarial que extendía sus redes por toda la ría. Su vida fue una mezcla de negocios, política y mar: el prototipo del emprendedor ilustrado que transformó con hechos lo que otros solo teorizaban.
Marcó del Pont no solo acumuló fortuna, sino que la puso al servicio del crecimiento urbano y del bienestar colectivo. Financiaba obras públicas, ayudaba a mantener la actividad portuaria y participaba activamente en el gobierno local. Cuando Vigo sufrió la devastación de las guerras napoleónicas, él contribuyó a su reconstrucción, donando fondos y materiales para restaurar la Colegiata .
Buenaventura no solo fue corsario, con patente de corso o empresario sino también un patriota. En 1800, fue informado de que una flota inglesa de 50 buques tenía intención de arrasar la ciudad de Vigo. Asi que reunió 800 hombres y con decenas de cañones en la playa de Bouzas, defendió la ciudad.
Falleció en 1818, dejando tras de sí una huella imborrable. Fue empresario, alcalde, y benefactor.